Luisa Martínez Flores. Fotografía

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La Condesa Descalza

 

Esta vez tuve tiempo de escoger la velocidad y el diafragma adecuados a la penumbra que había en el cuarto. Los movimientos de la mujer eran lentos y algunas veces permanecía en una inmovilidad absoluta. Mientras, mi compañero, Pedro Marco, intentaba obtener de la vieja señora alguna información para su artículo, ella no apartaba los ojos de mí, era como si quisiera decirme algo que yo no llegaba a comprender. Entonces pasó lo inesperado. Sin dejar de mirarme, se levantó de la silla y con energía recorrió los pocos metros que la separaban del baúl. Por primera vez bajó la mirada, abrió el baúl y comenzó a buscar entre la ropa. Cogió un hatillo y en ese momento sus ojos, tan tristes, volvieron a mirarme: "es mío, es mi único tesoro, aquí está toda mi vida". Hice la fotografía. 

¿Quién era? Supuestamente la heredera de una condesa inglesa. 

¿Qué llevaba en ese hatillo? Recuerdo una foto de la condesa en su mansión, con hermosos jardines ingleses. Quizá había también algunos papeles.

¿Cómo terminó su historia? No lo sé. Estas personas son portadas de periódicos y revistas unas semanas, luego, nada o casi nada se vuelve a saber de ellas.

Años después, supe que la Condesa Descalza había muerto sola en aquella misma casa. Olvidada de todos.

¿Dónde fue a parar su tesoro? No lo sé.

 

Leyendas y Narrativas